Una generación que enfrentó gigantes, superó obstáculos y demostró que la constancia y el talento pueden cambiar la historia.
Redacción.- Eugenio Suárez estaba preparado en el dugout con una bandera de Venezuela viendo al cerrador Daniel Palencia sacar el último out del juego. Acto seguido salió al campo, se arrodilló y celebró el histórico título del Clásico Mundial de Béisbol.
En la parte alta del noveno inning él había sido determinante al conectar el imparable que impulsó la carrera de la victoria 3-2 ante Estados Unidos en la final del torneo en el LoanDepot Park de Miami.
Suárez se abrazó con sus compañeros, varios de los cuales también se habían arrodillado, al igual que él, para agradecer por el campeonato; algunos terminaron con lágrimas en los ojos. Era un momento especial.
El título fue el resultado de un trabajo colectivo. Cuando los analistas veían favoritas a otras selecciones, los venezolanos iban avanzando paso a paso, e imprimiendo una buena vibra que se apreciaba en cada festejo.
“Creímos en nosotros e hicimos el trabajo”, sostuvo Maikel García, nombrado Jugador Más Valioso del torneo.
De la adversidad a la épica
La selección venezolana recorrió un camino no libre de obstáculos. Si bien inició con tres victorias en fila, en el último encuentro del Grupo D, ante la poderosa República Dominicana, sufrió un revés que la dejó como segunda clasificada y teniendo que medirse en cuartos de final a Japón, el vigente campeón que se había coronado en tres de cinco ediciones del Clásico Mundial de Béisbol.
Pero el rival no intimidó a la Vinotinto. Lo dijo el mánager Omar López: para quedar campeón hay que vencer a los rivales más fuertes. Y así ocurrió. Ante la adversidad de estar abajo en el marcador, Wilyer Abreu sacó el pecho y conectó un soberbio cuadrangular de tres carreras que le dio la vuelta a la pizarra para vencer a los nipones.
Lo mismo sucedió en semifinales con la sorprendente Italia, que ya había vencido a Estados Unidos y a Puerto Rico. Venezuela tuvo que remontar en el último tercio del compromiso para conseguir el boleto a la final.
En el encuentro decisivo, Estados Unidos puso a prueba el temple de los venezolanos. Un pitcheo excepcional logró contener a la toletería estadounidense por siete episodios. El título estaba al alcance, pero en el octavo los locales igualaron las acciones.
Las esperanzas no se desvanecieron. Por el contrario, el equipo demostró que confiaba en su talento y Omar López en sus dirigidos. El mánager dio ingreso a Javier Sanoja como corredor emergente en sustitución de Luis Arráez quien se embasó por boleto.
Sanoja emprendió una carrera para robarse la segunda base. Llegó a salvo en una jugada pequeñita. Ahí vino un doble memorable de Suárez, quien esperó pacientemente su momento después de ver poca acción en el inicio del certamen. En la segunda base levantó los brazos y agradeció a Dios.
Venezuela conquistó un título que todo un país creía alcanzable pero se había escapado en cinco ediciones del Clásico Mundial de Béisbol. No lo lograron las generaciones de Bob Abreu, Miguel Cabrera, Johan Santana. Pero la selección se coronó en 2026 con el apoyo del público en Miami y el respaldo de toda una nación.
Foto IG @teambeisbolve

